Armas Quimicas

Friday, August 25, 2006

Ahora si el CD tiene informacion

ALEJANDRO GOMEZ

TP

Armas químicas, biológicas

El poder letal de ciertos microorganismos hace que se los pueda emplear como armas de destrucción masiva. Algunos son capaces de producir la muerte en pocas horas y en su contra no existe inmunización y no hay tratamiento eficaz. Otros, aunque controlados como la viruela, serían catastróficos al reaparecer en un mundo que ya los desechó.

Desde hace ya muchos años algunos gobiernos y grupos de poder han trabajado en su empleo bélico y se sabe que los patógenos pueden estar siendo manipulados genéticamente para ser más agresivos y resistentes.

Tipos de armas

La llamada guerra bioquímica amenaza con diversas opciones de acuerdo al agente agresor que se utilice en los ataques:

Químicos: diversas sustancias como el cianuro generalmente en forma de gases, entre los cuales se popularizó el gas Sarin luego de un ataque en el Metro de Tokio en 1995. Su acción tiene lugar en distintos puntos del organismo, sobre todo a nivel pulmonar y atacando el sistema nervioso central, provocando paros cardiorrespiratorios, inmovilización, etc.

Bacteriológicos: se llaman así aunque los agentes infecciosos no son sólo bacterias como la causante del Botulismo o la Peste, sino también virus como el de la Viruela o el temible Ébola. Su acción consiste en la infección de la población con alguno de estos agentes patógenos, para los cuales hay diversa capacidad de reacción por parte de la ciencia. Su efecto se hace más devastador cuando se piensa que la población infectada puede contagiar a muchas más personas, originándose epidemias. Aún frente a aquellos microorganismos que pueden ser controlados con drogas y atención médica, una sociedad puede verse indefensa cuando los pacientes son miles y la situación es de caos. Otras de las enfermedades que se creen posibles de ser usadas son el Antrax, Fiebre Q, Hanta-virus, virus enteropatógenos que afectan al sistema digestivo, etc.

Algunas de las necesidades estructurales y organizativas para afrontar un ataque con armas de esta naturaleza son las siguientes:

• entrenamiento y dotación de elementos específicos al personal sanitario;
• redoble de los planes de inmunización contra los agentes que lo contemplen;
• almacenamiento de drogas y antídotos suficientes para una demanda a gran escala, e infraestructura para recibir y trasladar a los enfermos;
• laboratorios con capacidad de trabajo diversificada y veloz, incluyendo secuenciadores de ADN para identificar los patógenos;
• puesta a punto de canales de comunicación para la coordinación y estricto control de los medios masivos para el mantenimiento de la calma una adecuada información de la población.

En efecto, una de las consecuencias más graves que puede poseer un ataque con armas bioquímicas es el efecto psicológico sobre la sociedad. Evitar el pánico y el colapso social sería tan necesario como atender a los directamente afectados por los agentes agresores.

La incoherencia de un mundo que ha luchado por vencer la enfermedad y el sufrimiento, frente al horror de sembrarlos en la sociedad indefensa sería una paradoja muy difícil de aceptar.

ÁCIDO CIANHÍDRICO

El ácido cianhídrico, también denominado metanonitrilo, formonitrilo y ácido prúsico, es un líquido volátil, de olor a almendras amargas y muy venenoso cuyas víctimas pueden fallecer a los pocos minutos de entrar en contacto con él. Su fórmula molecular contiene un átomo de carbono, uno de nitrógeno y uno de hidrógeno, HCN. Se obtiene por reacción del metano o de cualquier otro hidrocarburo con amoniaco a 1400°C. En estado gaseoso, se utiliza para la eliminación de roedores e insectos, en la obtención de acrilatos, adiponitrilos, cianuros, colorantes, gomas, plásticos y gases de guerra. Es muy inflamable y en estado de vapor forma mezclas explosivas con el aire. Si el cuerpo lo absorbe por inhalación, ingestión, a través de la piel o los ojos, inhibe la respiración celular.

El cianuro tiene gran afinidad por el Fe en estado férrico (+++). Después de absorbido reacciona rápidamente con el Fe trivalente de la citocromo P 450 mitocondrial, y de este modo inhibe la respiración celular. Así el cianuro bloquea eficientemente la producción de ATP y entre otras anormalidades metabólicas pueden ocurrir acidosis láctica y la disminución en la utilización de O2 por parte de la célula, es decir la hipoxia citotóxica. Las manifestaciones clínicas e histopatológicas del SNC se deben a la inhibición en la utilización el O2. El mecanismo exacto no está definido pero se debería a la inhibición de enzimas antioxidantes como las catalasas, la glutatión dehidrogenasa, la glutatión reductasa o la superóxido dismutasa.

No hay un signo patognomónico de la intoxicacióncon ácido cianhídrico. El olor a almendras no se presenta siempre y cuando se presenta no es detectable en el 40% de los casos. El tiempo de aparición de los síntomas es rápido (10 a 15 minutos) con las formas gaseosas e inorgánicas, generalmente minutos y si la exposición es a sustancias orgánicas cianogenéticas pueden demorar horas porque deben metabolizarse. Los signos y síntomas del SNC son típicos y progresivos: la hipoxia incluye cefaleas, agitación, confusión, convulsiones, letargia, coma y muerte. Puede ocurrir edema pulmonar cardiogénico y no cardiogénico y trastornos gastrointestinales (no frecuentes): dolor abdominal, náuseas y vómitos. Las manifestaciones cutáneas son variables: tradicionalmente se describe un color rojo cereza de la piel debido al incremento de la saturación del Hb con O2 en sangre venosa debido a la disminución en la utilización del O2 en los tejidos. La sangre en arterias y venas es del mismo color. Se ha descripto también la cianosis.
Si hay recuperación del cuadro agudo quedan secuelas como cambios de la personalidad, déficit de la memoria y síndromes extrapiramidales.

Fuentes:

- Cianuro de hidrógeno o ácido cianhídrico (HCN) se usa como fumigantes para barcos y edificios, y para esterilizar la tierra ( 2 aspiraciones pueden ocasionar la muerte) La combustión de plásticos nitrogenados y poliuretanos pueden liberar ácido cianhídrico.

- Sales de cianuro: son utilizadas para limpiar, endurecer y refinar metales, también en la recuperación del oro en los minerales (uso en joyerías) También son utilizadas en la galvanoplastia y galvanostegia También para reactivos fotográficos

- Muchas plantas tienen glucósidos cianogenéticos como la amigdalina que liberan cianuro al ser ingeridos (ej. carozos de ciruelas, damasco, durazno, almendras amargas mandioca amarga, laurel cerezo y semillas de lino) Dosis letal: 5 a 25 semillas para un niño implica peligro solamente si se destruye la cápsula.

-Químicos cianogénicos (aquellas sustancias que en uno de sus pasos metabólicos se metabolizan a cianuro) como el acetonitrilo ( es un solvente de uso industrial , también de uso en productos cosméticos de removedor de uñas esculpidas) , el acrilonitrilo utilizado en la producción de hules plásticos, sintéticos y adhesivos. El nitroprusiato utilizado en las sintesis químicas y como hipotensor también forma parte de este grupo .

GAS MOSTAZA

El "gas mostaza" no es realmente un gas, sino un líquido irritante que hierve a alta temperatura, el cual debido a su baja tensión superficial produce vapores, los que, por su alta toxicidad, basta con que exista una muy baja concentración en el aire para causar quemaduras y/o ampollas en la piel e incluso causarles la muerte. Esta arma química se prepara haciendo reaccionar etileno con cloruro de azufre.
Fue esta la más poderosa arma química usada en la primera Guerra Mundial. Empleado por primera vez en julio de 1917 por los alemanes en la batalla de Ypres, Bélgica, causó terribles daños a las tropas francesas.

QUE SON LAS ARMAS BIOLÓGICAS

Se trata de armas hechas con agentes infecciosos -como bacterias y virus- que provocan enfermedades humanas o plagas en los cultivos y en el ganado. Algunos de los agentes que se prestan al uso como armas biológicas son los microorganismos vivientes, como las bacterias o los virus y las toxinas producidas por los propios microorganismos, plantas y animales. Algunos autores consideran a las toxinas como agentes químicos; sin embargo, en 1972 fueron incluidas dentro del listado de la Convención de Armas Biológicas.

VIRUS Y BACTERIAS CON LOS QUE SE EXPERIMENTA MILITARMENTE.

Tipo de microbio.

Enfermedad.

Factor de contagio.

Mortalidad (sin tratamiento).

Virus.

Encefalitis venezolana.

bajo.

baja.

Virus.

Encefalitis equina oriental.

bajo.

alta (60%).

Virus.

Enfermedad de Margburg.

alto.

alta.

Virus.

Fiebre amarilla.

bajo.

alta (40%).

Virus.

Fiebre Chikungunya.

bajo.

muy baja.

Virus.

Fiebre Dengue.

bajo.

muy baja.

Virus.

Fiebre del Rift.

pobre.

alta.

Virus.

Gripe.

muy alto.

baja.

Virus.

Viruela.

muy alto.

alta.

Bacterias.

Ántrax.

bajo.

casi siempre mortal.

Bacterias.

Brucelosis.

cero.

intermedia (25%).

Bacterias.

Cólera.

alto.

alta (85%).

Bacterias.

Enfermedad del legionario.

cero.

alta.

Bacterias.

Muermo.

cero.

casi siempre mortal.

Bacterias.

Peste pulmonar.

alto.

casi siempre mortal.

Bacterias.

Tifus.

alto.

baja (10%).

Bacterias.

Tularemia.

bajo.

intermedia.

Bibliografía:armas químicas, biológicas

Alumno: Alejandro Gómez

CURSO:1°6TA TT

De todo un poco y en ultimo momento

Tema: Armas químicas, biológicas y nucleares

Alumno: Abel Brizuela

Curso: 1° 6°

Escuela: E. E. M N ° 5

Las primeras referencias que se tienen sobre el uso de las armas químicas, se remonta al año 432 antes de Cristo, cuando los aliados de Esparta en la guerra de Peloponeso tomaron un fuerte ateniense, empleando humo de carbones encendidos, azufre y brea a través de un orificio que hicieron en el fuerte.
Otros conflictos durante épocas posteriores mostraron el uso del humo y del fuego. Los griegos, durante el siglo VII antes de Cristo inventaron el Fuego Griego, una combinación de resina, azufre, brea, caliza y salitre. Esta mezcla flotaba en el agua y era particularmente útil en operaciones navales. Durante los siglos XV y XVI, Venecia empleó venenos inespecíficos que afectaban a la personas, cosechas animales y pozos de agua.

Con el desarrollo de la química inorgánica durante la última década del siglo XIX y principios del XX, las armas químicas empiezan a tener más importancia y a alcanzar mayor grado de sofisticación.

Podemos considerar que es durante la Primera Guerra Mundial cuando estas armas se empiezan a utilizar de forma habitual.

Los alemanes lanzaron 150 toneladas de gas cloro en 6.000 cilindros. Este ataque que probablemente no causó más de 800 muertos en las tropas aliadas, fue devastador psicológicamente para los 15.000 soldados de las tropas aliadas.

Por su parte, el ejercito británico respondió al ataque también con cloro y ambos bandos incrementaron su armamento con dos nuevos productos: el fosgeno y la cloropicrina. Tanto el cloro como el fosgeno y la cloropicrina, atacan a las vías respiratorias y dieron lugar al desarrollo de máscaras como protección de estos agentes.

En 1917, la artillería alemana lanzó granadas con un nuevo tipo de agente químico: el gas mostaza. El gas mostaza es un líquido relativamente poco volátil y causa otros tipos de problemas. Afecta a los pulmones, ojos y piel, y además, se adhiere a las ropas y al material de guerra.

Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, continuó el debate sobre las armas químicas en los Estados Unidos y en foros internacionales. El Protocolo de Ginebra de 1925 implicaba la prohibición del uso de armas químicas, pero no de tenerlas. El Protocolo reservaba el derecho de uso de armamento químico en respuesta a ataques químicos.

En los años 30, Alemania sintetizó los llamados compuestos organofosforosos. El tabun (GA) y el sarin (GB). Los nazis almacenaron miles de toneladas de estos compuestos llamados agentes nerviosos. Estos compuestos interfieren con el sistema nervioso central. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, con excepción de Japón durante los ataques a China, no se utilizaron armas químicas, aunque Alemania empleó cianuro y otros productos químicos en los campos de concentración. Después de la Segunda Guerra Mundial, se siguieron almacenando armas químicas.

Posteriormente, se han utilizado armas químicas en la guerra Iran-Iraq (1980). Y a causa de la confirmación del empleo de las armas químicas por el ejército irakí, en la guerra entre Estados Unidos e Irak (1990) se planificó cuidadosamente la defensa frente a posibles ataques químicos.

Despues del cese del fuego en febrero de 1991, las Naciones Unidas inspeccionaron y descubrieron agentes nerviosos y productos mostaza en Al Muthanna (Irak) . Es posible que existan otros almacenamientos de armas químicas en Irak.

Agentes nerviosos

Son compuestos organofosforados inhibidores del enzima colinesterasa en los tejidos, y sus efectos son causados por el resultado de un exceso de acetilcolina. Pueden causar la muerte al cabo de unas minutos de la exposición. Son líquidos en condiciones especiales de temperatura. Los más volátiles, al dispersarse se convierten en vapor.

Nombre de los agentes GA, GB, GD, VX

Los agentes nerviosos se desarrollaron antes de la II Guerra Mundial en Alemania. Los alemanes disponían de grandes reservas de estos productos pero no los utilizaron durante la guerra, por razones que no están del todo claras. Justo antes de comenzar la guerra, los aliados descubrieron estos almacenes y fabricaron estos productos, concretamente el GB y VX.

Los agentes nerviosos constituyen una de las mayores amenazas militares. Solo se tiene evidencia de su utilización en el conflicto Iraq-Irán. Los servicios de inteligencia indican que muchos países tienen tecnología para la fabricación de estos productos.

Sintomatología cuando se inhala en fase vapor:
Exposición débil:
miosis, rinorrea y dificultad respiratoria.
Exposición fuerte: Pérdida de la consciencia de forma repentina, convulsiones, apnea, náuseas, parálisis flácida y secreciones abundantes

En fase líquida sobre la piel:

Pequeña o moderada exposición: sudoración localizada, náuseas, vómitos, debilidad
Exposición continuada: repentina pérdida de consciencia, convulsiones, apnea, parálisis flácida, secreciones abundantes
Detección: se detecta con detectores específicos

Descontaminación: M291, M258A1, hipoclorito y grandes cantidades de agua

Tratamiento: Atropina y cloruro de pralidoxima; en casos graves, hay que administrar diazepam; ventilación y succión por las vías respiratorias.

Agentes viscecantes

El gas mostaza ha supuesto una amenaza militar desde su utilización como arma química durante la I Guerra Mundial. Las mostazas nitrogenadas fueron sintetizadas en 1930 pero no se produjeron en grandes cantidades para armamento. La mecloretamina se convirtió en un producto utilizado en quimioterapia para el cáncer.

El Lewisite fue sintetizado durante la última época de la I Guerra Mundial, pero probablemente no llegó a uitlizarse

La oxima de fosgeno es un urticante corrosivo pero tampoco se tiene evidencia de su uso en ninguna contienda.

Los agentes vesicantes, especialmente el gas mostaza se introdujeron durante la I Guerra Mundial. La exposición puede ser bien en fase vapor o en fase líquida. Los efectos aparecen después de haber transcurrido varias horas de que ocurra la exposición.
Síntomas: piel con eritema y vesículas, ojos (conjuntivitis), vías respiratorias ( irritación débil en el aparato respiratorio pudiendo llegar a lesiones bronquiales severas que producen hemorragias en la mucosa respiratoria y muscular. Si la exposición es muy continuada , daña la médula ósea y ocasiona pancitopenia así como una mayor predisposición para contraer infecciones. El aparato gastrointestinal también se daña y, en ocasiones, aparecen síntomas que indica afección al sistema nervioso central. No hay antídoto y la terapia es sintomática. Una descontaminación inmediatamente después de sufrir la exposición, reduce los daños causados.

El gas mostaza ha sido utilizado como arma química después de la I Guerra Mundial en:

Italia contra Abisinia (1930)
Egipto contra el Yemen (1960)
Irak frente a Irán y los kurdos en 1980


El gas mostaza está todavía considerado como el agente químico más peligroso entre los países del antiguo Pacto de Varsovia y los países más pobre

Agentes incapacitantes

El uso de productos químicos que alteren el estado mental de las tropas enemigas es tan antiguo como el tiempo. La utilización de productos químicos no letales que incapaciten al enemigo se conoce desde al año 600 antes de Cristo por los soldados de Solon en Grecia, que emplearon raíces de plantas en el agua de abastecimiento de las tropas enemigas. En el 184 a.C., Anibal, usó plantas de belladona para desorientar a las tropas enemigas, y el obispo de Muenster intento asaltar la ciudad de Groningen con granadas que contenían belladona. En 1881 miembros de un expedición en el Norte de África observaron que algunas tribus utilizaban deliberadamente Hyoscyamus falezlez. En 1908, soldados franceses en Hanoi, fueron intoxicados con plantas de estas características. Se ha acusado a la Unión Soviética de utilizar internamente estos compuestos.

En Estados Unidos se comenzó a estudiar los agentes incapacitantes, que incluyen indoles y producen efectos alucinatorios como la dietil amina del ácido lisérgico (LSD-25) y derivados de la marihuana, ciertos tranquilizantes y glicolatos anticolinérgicos. Uno de estos compuestos, el 3 quinuclidimil bencilato, fue asignado por la NATO con el código BZ y fue considerado como arma química en 1960. En 1998, existen alegaciones del usos de estos productos por parte del ejercito yugoslavo frente a los refugiados de Bosnia, para causar un estado alucinatorio y comportamiento irracional.

BZ y Agente 15

Estos compuestos son glicolatos anticolinérgicos relacionados con la atropina, escopolamina e hiosciamina. Se puede inhalar, ingerir o absober a través de la piel. Actúa como un competente inhibidor de la acetilcolina siendo sus efectos sobre el sistema nervioso periférico contrarios a los causados por los agentes nerviosos. Causan estupor, confusión y alucinaciones. Fué considerado arma militar por parte de los Estados Unidos haste el año 1988. El Agente 15, es un supuesto agente incapacitante iraquí, probablemente idéntico al BZ o muy parecido. Se dice que Irak contaba con una gran producción de este compuesto en la Guerra del Golfo.
El diagnóstico se realiza mediante la acción combinada los anticolinérgicos PNS y CNS.
El antídoto especifico es la Phisostigmina, que incrementa la concentración de acetilcolina en la sinapsis y en las uniones neuroglandulares y neuromusculares

Armas biológicas

De forma similar al empleo de las armas químicas, el empleo de las armas biológicas no es algo que se haya originado en los últimos tiempos, sino que se remonta a épocas muy anteriores.

La primera documentación data del siglo VI antes de Cristo. Los asirios envenenaron los pozos de agua del enemigo con ergotamina, producida por el cornezuelo del centeno. Esta toxina produce efectos gastrointestinales severos.

La Peste Negra que diezmó Europa durante la Edad Media pudo haber pasado a Europa a través de los supervivientes de Kaffa (Crimea). Parece ser, que durante el asedio de esta ciudad por los Tártaros, éstos tuvieron un brote de peste. En un intento para que la plaza se rindiese, lanzaron los cadáveres dentro de la cuidad. Esto originó una terrible epidemia que dio como resultado la rendición de la plaza.

También existe documentación del uso de la viruela como arma biológica. El Ejército Británico utilizó ropas infectadas de viruela frente a los nativos americanos que militaban con los franceses durante la Guerra de Francia con los indios. El Ejército americano durante el sometimiento de los indios en las grandes llanuras, usó mantas infectadas con viruela con resultados devastadores.

Japón también utilizó bombas que contenían material contaminado de peste y tifus en la campaña contra Corea y Manchuria. En épocas muy recientes como en la Guerra del Golfo, los iraquís utilizaron material biológico, agentes del Anthrax, toxinas botulíticas y el Clostridium perfringens.

Finalmente, en 1972 se firmó el acuerdo que prohibía la producción y almacenamiento de armas y toxinas biológicas (BTWC). Este acuerdo se firmó simultáneamente en Londres, Moscú y Washington. Hasta la fecha actual, este acuerdo lo han firmado además de Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS, 130 estados de todo el mundo.

De forma similar al empleo de las armas químicas, el empleo de las armas biológicas no es algo que se haya originado en los últimos tiempos, sino que se remonta a épocas muy anteriores.

La primera documentación data del siglo VI antes de Cristo. Los asirios envenenaron los pozos de agua del enemigo con ergotamina, producida por el cornezuelo del centeno. Esta toxina produce efectos gastrointestinales severos.

La Peste Negra que diezmó Europa durante la Edad Media pudo haber pasado a Europa a través de los supervivientes de Kaffa (Crimea). Parece ser, que durante el asedio de esta ciudad por los Tártaros, éstos tuvieron un brote de peste. En un intento para que la plaza se rindiese, lanzaron los cadáveres dentro de la cuidad. Esto originó una terrible epidemia que dio como resultado la rendición de la plaza.

También existe documentación del uso de la viruela como arma biológica. El Ejército Británico utilizó ropas infectadas de viruela frente a los nativos americanos que militaban con los franceses durante la Guerra de Francia con los indios. El Ejército americano durante el sometimiento de los indios en las grandes llanuras, usó mantas infectadas con viruela con resultados devastadores.

Japón también utilizó bombas que contenían material contaminado de peste y tifus en la campaña contra Corea y Manchuria. En épocas muy recientes como en la Guerra del Golfo, los iraquís utilizaron material biológico, agentes del Anthrax, toxinas botulíticas y el Clostridium perfringens.

Finalmente, en 1972 se firmó el acuerdo que prohibía la producción y almacenamiento de armas y toxinas biológicas (BTWC). Este acuerdo se firmó simultáneamente en Londres, Moscú y Washington. Hasta la fecha actual, este acuerdo lo han firmado además de Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS, 130 estados de todo el mundo.


Ántrax


Bacillus anthracis, organismo esporulado, gram positivo cuyas esporas constituyen la forma usual de contagio.

El Anthrax se da en animales hervíboros tanto domésticos (ganado, ovejas, cabras...) como salvajes. El contagio a los humanos de forma natural se produce por la lana, el pelo, sangre y excrementos de animales enfermos, por ingesta de carne de animales contaminados o por inhalación de esporas.

Las esporas de Anthrax fueron consideradas como arma biológica por los Estados Unidos en la década de 1950-60 antes de que finalizase el anterior programa biológico ofensivo de Estados Unidos. Otros países, han considerado también a este agente como arma biológica. Estas bacterias son fáciles de cultivar y la producción de esporas es muy rápida. Las esporas son muy resistentes a la luz solar, calor y desinfectantes. Irak admitió a las Naciones Unidas haber investigado sobre esta bacteria antes de la Guerra del Golfo en 1991, y en 1995 admitió el anthrax como arma biológica.

Periodo de incubación: 1-6 días. Produce: fiebre, malestar, fatiga, dolor torácico, seguido por un proceso respiratorio severo con disnea, diaforesis, estridor y cianosis. El shock y la muerte ocurre dentro de 24-36 horas después de presentar síntomas severos.

Viruela

Agente: Virus variola


A pesar que la viruela fue declarada como enfermedad erradicada por la Organización Mundial de la Salud en 1980, continúa siendo una amenaza militar. Esta amenaza se debe a la infectividad a través de aerosoles, la facilidad de producción a gran escala y a un incremento del Orthopoxvirus en su forma no modificada.

La misma OMS aprobó el mantenimiento de repositorios del virus de la viruela en los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta y en el Instituto para Preparaciones Virales de Moscú. Se desconoce si existen otros stoks de este virus en otras partes del mundo. En enero de 1996, la OMS recomendaba la destrucción de todos los stocks de viruela para junio de 1999.

En el siglo XVIII la viruela fue utilizada por la Armada Británica frente a los nativos americanos por medio de mantas contaminadas de enfermos de viruela. Durante la II Guerra Mundial los japoneses consideraron usar la viruela como arma biológica.

Ricino

El ricino es una potente toxina que se obtiene de las semillas de la planta del ricino o higuerilla (Ricinus communis). Al cabo de 8 horas de haber inhalado la toxina, se producen cambios patológicos y síntomas respiratorios severos, seguidos de fallo respiratorio hipóxico en 36-72 horas. Si se ingiere, se producen síntomas gastrointestinales severos seguido de colapso vascular y muerte. Administra por vía intramuscular a animales de laboratorio, produce coagulación intravascular diseminada, fallo microcirculatorio y un fallo orgánico múltiple.

El ricino está considerada como un arma biológica potencial no solo a causa de su gran toxicidad y que la toxina es muy estable, sino porque esta planta es muy abundante en casi todos los lugares.
En 1978 en Londres, fue asesinado el disidente búlgaro Georgi Markov hiriéndole con un paraguas previamente contaminado con esta toxina.


Armas nucleares

El arma tipo de los EE.UU. es de 0´5 Mt., sin ser escasas las de 9 ó 20 Mt, siendo la mayor detonada de 60 Mt. en Novaya Zemlya (URSS) el 30 de octubre de 1961. Se distinguen generalmente dos tipos de armas nucleares según su uso:

  • Armas nucleares estratégicas: suelen ser las de mayor megatonaje, y son las que se lanzan generalmente a objetivos determinados con bastante tiempo (ciudades, silos, muelles), se admiten en esta categoría las situadas en submarinos, silos y bombarderos.
  • Armas nucleares tácticas o de teatro: suelen ser de pequeño calibre (decenas de kilotones) y son disparas en misiones "a pie de guerra" desde baterías artilleras, cazas, cargas de profundidad o torpedos. Los objetivos podrían ser flotas, ejércitos o avanzadas.

No hay que olvidar que ésta es sólo una distinción teórica a modo de guía y que algunas veces se infringe. El número total de bombas estratégicas y tácticas ronda las 50.000, repartidas principalmente en las dos superpotencias tradicionales; en el resto de los países el megatonage total es pequeño y está muy repartido en gran cantidad de bombas de pequeña potencia.

Aunque ya se dijo, las bombas nucleares, según su funcionamiento, se dividen en los siguientes tipos:

  • Fisión: Los átomos pesados de uranio, plutonio, polonio y otros en forma de isótopos o mezclados, se dividen liberando gran cantidad de energía. Es el caso de una bomba básica, como las que se lanzaron sobre Hiroshima o Nagasaki. Se las denomina bombas A.
  • Fisión-Fusión: perfeccionando las anteriores se llega a la conclusión de que las altas temperaturas generadas en la fisión pueden dar lugar a una fusión (unión) de átomos ligeros (deuterio, tritio) para formar helio. Aunque la energía liberada por la fusión es menor para cada unión de partículas que la producida por la fisión, para una misma masa de material existen muchísimas más partículas ligeras que pesadas. Así, para 0´5 Kg. de isótopos de hidrógeno se liberan 20 Kt., tres veces más que con el uranio. A estas bombas se las denomina termonucleares por la cantidad de calor necesario para producir la fusión; también se llaman bombas H.
  • Fisión-Fusión-Fisión: las dos primeras fases de este arma son como las de una bomba H normal, la diferencia es que los neutrones rápidos generados en la fusión chocan con una cubierta exterior de U-238 o uranio natural generando otra detonación que libera aún más radioactividad.
  • Bomba de neutrones: es un caso modificado de bomba H. En una bomba H normal el 50% de la energía es producida por la fusión y el otro 50% por la fisión. En una bomba H "limpia" o de neutrones menos del 50% de la energía es debida a la fisión, por lo que la radioactividad duradera se reduce, se ha llegado a rebajar este porcentaje hasta el 5%. Así, una pequeña bomba de neutrones produce poca destrucción por la onda expansiva o el pulso térmico, pero libera gran cantidad de neutrones que bombardean los alrededores induciendo radioactividad a los materiales con los que chocan durante un corto periodo de tiempo (48 h.), produciendo daños a las personas sin destruir el entorno. Es por eso que se entiende a estas bombas como bombas tácticas.

En caso de guerra nuclear total sería raro que se detonara todo el arsenal, ya sea debido a fallos, destrucción de instalaciones o un ataque de sentido común. Por eso se suele tomar de 5.000 a 7.000 megatones como valor normal desencadenado en un conflicto total que detonaría de un tercio a la mitad del arsenal. La cantidad de bombas de fusión o fisión se repartiría al 50%.

Como es de imaginar prácticamente la mayoría de las detonaciones se centrarían en el hemisferio norte, dejado el sur expuesto solamente a los efectos globales.

Los objetivos a cubrir ya han sido diferenciados por los estrategas según la manera de anular al enemigo:

- Ataque antifuerzas: es el dirigido contra todo lo que constituya una amenaza militar, estarían incluidos aeropuertos estratégicos, silos de misiles, bases navales, arsenales, centros de comunicaciones, estaciones de alerta... y todo soporte para un ataque o defensa militar. Cabe observar que la mayoría de estos objetivos se hallan emplazados cerca o en ciudades. Dentro de éstos están los objetivos duros (silos de misiles, bunkers o instalaciones enterradas) que necesitan de una gran potencia detonada a ras de suelo o subterránea para producir algo de daño.

- Ataque antivalores: Su objetivo lo constituyen todas las industrias de soporte de guerra, transporte, refinerías, instalaciones de energía, emisoras de radio o TV, y por extensión mano de obra. Resumiendo se puede concretar que este objetivo lo constituyen casi enteramente ciudades. Estos se denominan objetivos blandos, ya que aunque suelen ser extensos son fácilmente destruidos.

En ningún caso se ha contado con la extensión de material radioactivo debido a la destrucción de centrales nucleares, depósitos de residuos o misiles nucleares. Aunque este sería un factor inevitable, no hace falta tenerlo en cuenta para ver los efectos horribles que tendrían lugar sin tener que contar siquiera con la enorme radioactividad residual que darían.

En el mundo hay menos de 2.500 ciudades con más de 100.000 habitantes, lo que no supondría un reto inalcanzable en caso de conflicto nuclear, dejando aún un gran margen para el resto de objetivos (que ya no serían muchos). Si este fuera el caso, de principio la ONU estima el número de bajas en 1.100 millones (toda la población mundial de hace 250 años o la sexta parte de la actual) y otros tantos heridos que tendrían de por sí muy pocas posibilidades de sobrevivir a corto plazo. La mitad de la población humana moriría en unos días.

Se han sugerido varios modelos de guerra atómica, tomando éstos como ejemplos teóricos para estudiar los efectos sobre el planeta:

  • Caso de referencia, ataques antivalores y antifuerzas: 5.000 Mt. detonados en 10.400 explosiones, de los que un 57% serían en superficie y un 20% sobre objetivos blandos.
  • Caso sólo antifuerzas: se supone que no hay grandes incendios al no verse implicadas ciudades, 3.000 Mt de los que un 70% son en superficie, de rangos de entre 1 a 10 Mt.
  • Caso sólo antivalores: se detonan 100 Mt en las ciudades, la media de potencia en las bombas es de 100 Kt.
  • Caso grave antivalores y antifuerzas: 10.000 Mt detonados un 15% en superficie, igual cantidad detonada sobre ciudades. La potencia oscila de 0´1 a 10 Mt.

Como ejemplo recordatorio diré que una explosión de 10 Kt detonada a una altura optima destruye los edificios o los deja irreparables a 1´6 km., y daña gravemente a los que están hasta a 2´4 km. La relación potencia-radio aumenta en proporción a la raíz cúbica. Así 10 Mt. es mil veces más potente que los 10 kt. del ejemplo anterior, las distancias se multiplican por diez . La propagación del pulso térmico depende de las condiciones meteorológicas, si se detona por encima de las nubes estas absorberán parte de ese calor.

REPERCUSIÓN DE LOS EFECTOS PRIMARIOS

La destrucción de los objetivos duros requiere detonaciones cerca del suelo que producen una pulverización instantánea de todo lo que se halle dentro de la bola de fuego que ascendiendo con el hongo se van haciendo radioactivas. La destrucción de ciudades requeriría detonaciones a mayor altura para extender los daños; así, lo que no quede estrujado, volatilizado o barrido se unirá al gran incendio resultante tras la explosión debido al pulso térmico y a la dificultad de apagar los incendios unido a los vientos que avivarían los pequeños fuegos. Se estima que en las ciudades industrializadas la cantidad de material combustible esta entre 40 kg/m2 hasta 200 kg/m2 en el centro de grandes ciudades. Por tanto las ciudades y sus cercanías se convertirían pronto en grandes incendios que elevarían a la atmósfera gran cantidad de cenizas. En las zonas de impacto (al igual que en Hiroshima) la temperatura bajaría inmediatamente después de la explosión y la oscuridad sería casi total entre los 30 y 60º de latitud norte .

grafica temperaturas atmosfera

Está demostrado que para bombas menores de 100 Kt. las cenizas y polvo radioactivo no se elevan más halla de la estratosfera, de modo que tras unas horas o días cae de nuevo a tierra sin producir más daños que los una lluvia radiactiva (que no es poco).

Para valores mayores de 100 Kt. los polvos microscópicos y cenizas se instalan en la estratosfera, por encima de las nubes a más de 13 km, permaneciendo allí durante largo tiempo. Se alcanza el valor máximo 1 Mt. en donde la bola fuego se coloca por completo en plena estratosfera, allí su alta temperatura quema el nitrógeno (N) de la atmósfera que ataca químicamente al ozono (O3) destruyéndolo (creando óxidos de nitrógeno). El ozono es el que impide que los rayos ultravioletas lleguen a la superficie de la tierra y dañen a las especies vivas. Las columnas de humo producidas por incendios en ciudades se elevarían entre 1 y 7 km., un 5% de ellos serían tempestades de fuego, donde el humo llegarían a los 19 km. (dentro de la estratosfera). En los incendios no urbanos como mucho llegarían a los 5 km., y los de larga duración a los 2 km.

Así pues, tras las explosiones se tendrá un panorama en el que el caso elegido sólo tendrá repercusiones cuantitativas. Las partículas debidas a los incendios y detonaciones se colocarán en la estratosfera oscureciendo la luz del sol durante semanas o meses, de modo que la temperatura del planeta bajará varios grados. Una vez que la atmósfera se vaya aclarando la luz ultravioleta se empezará a filtrar hasta la superficie para dañar a la poca vida que aún resista. La buena noticia es que por muy grave que sea el conflicto no parece probable que se induzca una nueva era glacial.

El umbral sobre el cual se hacen catastróficos los efectos globales es el de 100 Mt, repartidos en 1000 bombas de 0´1 Mt, y como veremos son debidos más a las cenizas de los incendios y detonaciones que a otros factores. Esto no significa que un ataque puramente antifuerzas no produzca un desastre climático, ya que seguro que si se lanzan 3.000 Mt se producirían incendios. Es lógico suponer que el umbral no es una barrera antes de la cual no pasa nada y tras ella sí, los efectos se van agravando de manera progresiva según nos acercamos a ella y son muy graves al rebasarla.

grafica temperaturas 30 dias despues de la guerra

INVIERNO NUCLEAR

Tenemos experiencia sobre los efectos que producen un pequeño cambio de temperatura global. En 1815 la erupción del volcán Tambora en Indonesia produjo un descenso de 1º C en todo el planeta debido a la proyección de ceniza volcánica a la atmósfera. Los fríos durante el siguiente año dieron en Europa y EE.UU. el nombre de año sin verano. Las repercusiones van más allá de abrigarse un poco, ya que con ese pequeño cambio todo el cultivo de maíz en Canadá se perdería (es uno de los mayores exportadores, junto con EE.UU.). Pequeños cambios globales producen enormes repercusiones locales. Un cambio de 1º C es lo máximo que sufre el planeta en miles de años, durante las glaciaciones las temperaturas bajan hasta 10 ºC, pero de manera gradual durante siglos, dando tiempo a las especies a aclimatarse.

En caso de un invierno nuclear la temperatura global baja de manera drástica en días, desde 10ºC en el caso más modesto (1.1) hasta 50ºC en el más severo (1.7).

Esto es debido a que las negras cenizas microscópicas producidas los incendios y detonaciones se situarían en la alta atmósfera, libres de la lluvia o corrientes, así que irían cayendo de manera muy lenta mientras en la superficie la oscuridad haría descender la temperatura e impidiendo la fotosíntesis de las plantas. En los casos 1 y 1.4 la luz sería como si el día estuviera muy cubierto para llover, así durante más de dos meses. En los casos 1 y 1.7 la luz sería del 0,1% durante un año para ir recuperándose poco a poco.

Al estudiar un ecosistema nos damos cuenta que está interrelacionado con los inmediatos, de modo que da y toma recursos de los demás. Sin embargo no es simplemente un intercambio, un círculo vicioso de recursos que cambian de manos, porque a su vez todo el planeta y cada una de sus partes necesitan de un aporte de energía exterior, y esta es la luz del sol. Las plantas (y otros organismos análogos) tienen la misión planetaria de recoger esta energía y convertirla en algo potable para el resto de los seres. Así que, si quitamos la luz del sol, las plantas sucumben, las especies que dependen de ellas también y los depredadores con ellos. Nuestro planeta es una gran célula fotobiológica que convierte la luz del sol en material biológico.

grafica temperaturas 120 dias despues de la guerra

Pero además el Sol es el motor fisico-químico que mueve y da dinamismo al planeta, ya que gracias a su calor se produce al ciclo de agua, las corrientes atmosféricas y la temperatura necesaria para la vida. Así las especies dependemos de los servicios gratuitos que nos da el planeta a través del Sol: agua potable renovable, composición de la atmósfera, renovación de los nutrientes, eliminación de residuos, generación y conservación de los suelos y una gran biblioteca genética constituida por todas las especies del planeta que habitan cada nicho ecológico y sacan de él el mayor rendimiento.

Los grandes incendios por sí solos ya causarían el mayor daño al planeta: las nubes de polvo microscópico negro ocultarían la luz del Sol, grandes nubes de humo y gases tóxicos de la combustión de ciudades e industrias ahogarían la superficie, la luz ultravioleta que terminaría por filtrarse dañando el ADN de las especies, escape de sustancias tóxicas que contaminarían el suelo y las aguas. Todo esto ocurriría de manera casi simultanea, siendo la suma mucho más que cada una de las partes, extendiéndose además por todo el planeta.

Un efecto determinante en la destrucción del ecosistema planetario es el producido sobre las plantas verdes, que son la base de la vida y las más afectadas por el frío y la oscuridad. Es de suponer que las más afectadas serían las menos aclimatadas al frío. Los bosques tropicales serían los primeros en desaparecer, y aunque las plantas de las zonas frías están hechas al frío, un descenso brusco podría ser letal. Una reducción del 5% de la luz solar es suficiente para detener el crecimiento de la planta, y un 10% reduce considerablemente la fotosíntesis. Para el caso de 10.000 Mt la luz se reduciría hasta un 1% durante más de un mes en el hemisferio norte, alcanzando el 50% a los 8 meses. Si la temperatura media del planeta son 13º C descendería hasta –40ºC en la parte templada del hemisferio norte durante 4 meses, llegando a -3ºC al cabo de un año.

Temperatura en las supericies continentales

De esto se deduce que la peor de las circunstancias posibles es la de una guerra nuclear en la época de crecimiento vegetal o poco antes, siendo entonces muerta prácticamente toda la vegetación del hemisferio norte. Si fuera en la época de aletargamiento el daño sería menor pero siempre enorme, impidiendo que la fase posterior de crecimiento fuera bueno; además, un invierno más frío sí afectaría árboles perennes (por ejemplo los frutales). Sea cuando fuera, los trópicos están acostumbrados a temperaturas prácticamente estables, así que un descenso brusco sería fatal en todos los casos. Los efectos del frío en las costas sería más moderado debido al efecto regulador térmico de los océanos, aunque se verían barridas por tormentas brutales debidas precisamente a esa diferencia de temperatura entre la tierra y el mar.

ADEMÁS DEL FRÍO Y LA OSCURIDAD

Un factor muy importante al evaluar los efectos de una guerra nuclear son los sinergismos, es decir, el conjunto es mucho más que la suma de sus partes. Un buen ejemplo es que el sistema inmunológico humano se ve seriamente dañado cuando se superpone la radiacción ionizante instantánea y la debida a la ceniza radioactiva como la exposición a la luz ultravioleta. El frío y la oscuridad acabarían con muchos mamíferos y casi todas las aves, así que millones de cadáveres en descomposición facilitarían la aparición de enfermedades que atacarían a los ya de por sí débiles. La ausencia de depredadores haría a los insectos (que son muy resistentes) multiplicarse, consumiendo la poca vegetación que quedase; además, ese aumento de luz ultravioleta (hasta se cuadruplicaría) dejaría ciegos a muchos mamíferos, impidiéndoles ver aún después de que hubiera luz, abocándoles a una muerte lenta. Los sinergismos actúan de manera favorable cuando las cosas van bien, y empeoran las cosas cuando todo va mal.

Los óxidos de nitrógeno inyectados a la atmósfera por las bolas de fuego habrían acabado hasta con el 50% de la capa de ozono, que se recuperaría mucho después de que la atmósfera fuera de nuevo transparente. La reacción de las plantas ante un aumento de la luz ultravioleta es el de reducir la fotosíntesis, este efecto se multiplica por dos o tres si han permanecido largo tiempo en penumbra. De modo que aunque la luz y el calor llenen de nuevo el planeta las plantas supervivientes tardarán meses en volver a producir.

El descenso de las temperaturas causaría un congelamiento del agua continental, salvándose los mares tanto por su concentración de sal como por su efecto atenuante de la temperatura. Así tendríamos ríos y lagos congelados hasta en 1´5 m. Estas variaciones de temperatura detendrían el ciclo del agua, matando tanto lo que se hallara en la aguas congeladas como fuera.

El mar no sufriría apenas por la caída de temperatura, sin embargo la luz es imprescindible para la vida del plancton y algas, que son la base de la vida oceánica, también el aumento de la luz ultravioleta inhibe el crecimiento del fitoplancton. Las tempestades debidas a las diferencias de temperatura tierra-mar harían también difícil la vida a las especies costeras.

CÁLIDA LLUVIA DE POLVO RADIOACTIVO

Y por si todo lo anterior no era poco, aún queda tener en cuenta que gran parte de ese polvo en suspensión a baja altura es radioactivo. Este caería rápidamente en forma de lluvia radioactiva contaminando con dosis letales la tierra durante las primeras 48 h. Hasta un 30% de la tierras del hemisferio norte recibirían más de 500 rems, acabando con la mitad de los adultos sanos que hubiera. Poca gente sana quedaría tras las primeras horas, así que esta radiacción remataría a más del 50% de supervivientes, dejando secuelas a casi todo habitante del planeta: baja resistencia a las enfermedades, alta probabilidad de cancer, mutaciones y malformaciones. La radiacción media de fondo en todo el planeta sería superior a 100 rem y en el hemisferio norte mayor a 200 rem.

La resistencia a la radioactividad varía según las especies, así las aves, los mamíferos y las coníferas son los más sensibles, siendo por lo general más resistentes los organismos más sencillos y de más corto ciclo reproductivo, entre los que se encuentran los que causan enfermedades (virus y bacterias).

Además las primeras lluvias que llevarían radioactividad a la tierra también arrastrarían los compuestos químicos residuales de los incendios de las ciudades, estos sería un amplio conglomerado de productos tóxicos como cloruros de vinilo, furanos y piroexenos procedentes de las comodidades de la sociedad moderna: plásticos, textiles, residuos, combustibles... Así la lluvia sería además lluvia ácida concentrada, una zancadilla más para los seres vivos.

Las sustancias radioactivas con las cenizas sedimentadas que cubrirían los campos, calles y edificios sería muy parecidos a los que se ve en las erupciones volcánicas, salvo que este contendría los siguientes elementos durante un determinado tiempo: I 131 (8 días), Ru 106 (1 año) , Sr 90 (30 años), Ca 137 (30 años) y Cs 130 (30 años). Esto daría 500 rems como media en el hemisferio norte durante el primer día, 100 rems hasta el primer mes y 10 rems hasta pasado un año. En el hemisferio sur serían menores los efectos a corto plazo (100 rems el primer mes) pero muy parecidos los de largo plazo.

CUANDO POR FIN SE VE LO QUE QUEDA

Si alguien quedara para ver lo que queda no agradecería su suerte. Los pozos de petróleo, minas de carbón y turberas continuarían ardiendo durante meses o años, un 5% de la tierra del hemisferio norte sería sólo cenizas. La erosión del suelo por falta de vegetación causaría inundaciones y avalanchas de barro y despojos. Las aguas y la tierra estarían contaminadas, no habría nada que comer o beber, y lo que quedase estaría seriamente contaminado.

No se puede imaginar el estado psicológico de los supervivientes de una guerra nuclear, pero el pasar de una vida cómoda a la más absoluta soledad y desamparo en semanas (incluso los más desfavorecidos lo verían así) sería para volver a cualquiera loco o por lo menos para caer en la más honda de las depresiones, quizás hasta un estado de postración absoluto en espera de la muerte.

Los que saldrían algo mejor parados serían las especies carroñeras, rodeadas de gran cantidad de cadáveres su número se multiplicaría vertiginosamente. Así la fauna del "día después" serían unas orondas ratas, cucarachas y moscas.

Se piensa generalmente en lo que harían los supervivientes de una guerra nuclear, aunque hemos visto que en realidad no serían muchos por no decir ninguno. Sin embargo, si la guerra fuera pequeña y poniéndonos en el mejor de los casos, la supervivencia sería posible (aunque desagradable) y dependería en gran medida del nivel de destrucción alcanzado. En cualquier caso veremos qué les esperaría, teniendo en cuenta que aunque la guerra se situara sobre todo en el hemisferio norte, el sur se vería también afectado, aunque menos en los efectos más inmediatos, igualmente en los de medio y largo plazo.

Si pensamos en los bancos de semillas y almacenes de grano, veremos que por estar cerca de la ciudad o cultivos seguramente habrían ardido. Las semillas que permanecieran bajo tierra estarían relativamente a salvo, ya que las altas temperaturas debidas atormentas de fuego las dañarían también. Los medios de transporte de recursos se hallarían casi por completo destruídos, por lo que cada grupo se las tendría que apañar como pudiera.

Los supervivientes tendrían que subsistir de lo que ellos mismos pudieran plantar o criar. Tendrían que buscar suelos adecuados y no contaminados, y recurrir a plantar lo que más a mano tuvieran, ya que la variedad genética sería mínima. Hasta que el clima se restableciera el tiempo sería impredecible y extremo, además las plantas necesitan de otras cosas como polinización, microorganismos y ausencia de plagas, así los primeros cultivos darían resultados poco provechosos. Las zonas más afectadas serían los trópicos en donde la perdida de los ecosistemas haría muy difícil una resurrección de la cultura humana. La búsqueda desesperada de recursos o nuevas tierras de cultivo daría como resultado otra agresión al ecosistema ya muy dañado.

Si pensasen en el mar como medio de sustento verían como su producción estaría muy mermada, además las tempestades, mal estado de la mar y falta de combustible para la navegación moderna haría también difícil la subsistencia también las costas.

El hombre actual, en la mayoría de los casos, no conoce ni el medio natural ni cómo alimentarse de él, tampoco las técnicas más rudimentarias la tecnología (como obtener telas o herramientas), así que aunque los ecosistemas permitieran la vida humana, a duras penas si sabríamos aprovecharla.

La vida sería una vuelta a la prehistoria, en la que la mejor civilización humana se vería reducida a un conjunto de grupos de cazadores-recolectores en las islas del pacífico. Una civilización avanzada tras una seria guerra nuclear sería imposible ya que nuestros antepasados se sirvieron de recursos que tenían casi al alcance de la mano, así se comenzaron a usar los minerales (carbón, petróleo, cobre...) extrayéndolos de lugares en los que eran accesibles y abundantes. Tales sitios ya no quedan en el planeta, para obtener estos mismos minerales se requieren minas profundas y elaboradas tareas de refinado y purificación. Tras una era del reciclado y uso de materiales sobrantes de la civilización actual ya tan sólo se podría esperar una cultura prehistórica o clásica a lo sumo, la evolución de la humanidad detenida para siempre por sí misma mediante una guerra nuclear.

Sunday, August 20, 2006

TRABAJOS DE ULTIMO MOMENTO

ABEL SAFFIOTTI – ESTEBAN GUZMAN
ARMAS NUCLEARES
INTRODUCCION
Armas nucleares, dispositivos explosivos utilizados con fines bélicos que liberan energía nuclear a gran escala. La primera bomba atómica (o bomba A) fue probada el 16 de julio de 1945 cerca de Alamogordo (Nuevo México). Se trataba de un explosivo completamente nuevo. Hasta ese momento todos obtenían su potencia de la descomposición o combustión rápida de algún compuesto químico. Las reacciones químicas de este tipo sólo liberan la energía de los electrones más externos del átomo.
En cambio, los explosivos nucleares ponen en juego la energía contenida en el núcleo del átomo. La bomba A obtenía su potencia de la ruptura o fisión de los núcleos atómicos de varios kilos de plutonio. Una esfera del tamaño de una pelota de béisbol produjo una explosión equivalente a 20.000 toneladas de trinitrotolueno (TNT).
La bomba A se desarrolló, construyó y probó en el marco del Proyecto Manhattan. Se trataba de una extraordinaria empresa estadounidense iniciada en 1942 durante la II Guerra Mundial. En ella participaron muchos científicos eminentes, como los físicos Enrico Fermi, Richard Phillips Feynman y Edward Teller, y el químico Harold Clayton Urey. El director militar era el ingeniero Leslie Groves, comandante general del Ejército de Estados Unidos. El director científico del proyecto, localizado en el Laboratorio Nacional Los Álamos, fue el físico estadounidense Julius Robert Oppenheimer.
Terminada la guerra, la Comisión para la Energía Atómica de Estados Unidos se responsabilizó de todas las cuestiones nucleares, incluida la investigación armamentística. Se construyeron otro tipo de bombas que obtenían la energía de elementos más ligeros como el hidrógeno. En ellas la reacción que proporciona la energía es la fusión. Durante este proceso los núcleos de los isótopos de hidrógeno se combinan y forman un núcleo, más pesado, de helio (ver más adelante Armas termonucleares o de fusión). La investigación en este campo dio como resultado la producción de bombas cuya potencia oscila de una fracción de kilotón (equivalente a 1.000 toneladas de TNT) hasta muchos megatones (equivalentes a un millón de toneladas de TNT). Además se ha reducido de forma drástica el tamaño físico de las bombas, con lo que han podido desarrollarse bombas nucleares de artillería y pequeños misiles que pueden ser disparados desde lanzadores portátiles en pleno campo de batalla. Aunque en un principio se pretendía que las bombas atómicas fuesen armas estratégicas transportadas por grandes bombarderos, en la actualidad las armas nucleares pueden utilizarse para diversos fines, tanto estratégicos como tácticos. No sólo se pueden lanzar desde diferentes tipos de avión, sino en cohetes o misiles teledirigidos con cabeza nuclear desde la tierra, el aire o bajo el agua. Los cohetes grandes pueden transportar varias cabezas con diferentes objetivos. La investigación en armas nucleares prosigue en la actualidad en Los Álamos y en el Laboratorio Lawrence Livermore (California), en Estados Unidos, y en Aldermaston, en Gran Bretaña.
ARMAS DE FISIÓN NUCLEAR
En 1905 Albert Einstein publicó la teoría de la relatividad. De acuerdo con ella, la relación entre la masa y la energía viene dada por la ecuación E = mc2. Esto significa que a una masa m dada, corresponde una cantidad de energía E, equivalente a la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz c. Una pequeña cantidad de materia equivale a una gran cantidad de energía. Por ejemplo: un kilogramo de materia que se convirtiese por completo en energía equivaldría a la energía liberada por la explosión de 22 megatones de TNT.
En sus experimentos, los químicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann dividieron el átomo de uranio en dos partes casi iguales bombardeándolo con neutrones. Más tarde, en 1939, la física Lise Meitner y su sobrino, Otto Robert Frisch, explicaron la reacción de la fisión nuclear, lo que posibilitó la liberación de la energía atómica.
MASA CRÍTICA
Una pequeña esfera, del tamaño de una pelota de golf, de un material fisilfisil puro, como el uranio 235, no mantendría una reacción en cadena. Escaparían demasiados neutrones de la reacción en cadena a través de su superficie que es demasiado grande respecto a su volumen. Sin embargo, en el caso de una masa de uranio 235 del tamaño de una pelota de béisbol, el número de neutrones perdidos en la superficie se compensaría por el número de neutrones generados por las reacciones internas de fisión. La cantidad mínima de material fisil con una forma dada necesaria para mantener la reacción en cadena se llama masa crítica. Al aumentar el tamaño de la esfera producimos una configuración supercrítica en la que las sucesivas generaciones de fisiones aumentan con mucha rapidez, con lo que se puede llegar a una posible explosión, como resultado de la liberación en extremo rápida de una gran cantidad de energía. Por tanto, en una bomba atómica se debe ensamblar y mantener en contacto una masa de material fisil mayor que la crítica durante una millonésima de segundo. Esto permite que la reacción en cadena se propague antes de la explosión. Un contenedor, hecho de algún material pesado, rodea el material fisil y evita su explosión prematura. El contenedor también reduce el número de neutrones que se escapan.
Si se dividiese cada átomo de 0,5 kilogramos de uranio, la energía producida equivaldría a la potencia explosiva de 9,9 kilotones de TNT. En este hipotético caso la eficiencia de la reacción sería del 100%. En las primeras pruebas de la bomba A no se acercaron a ella. Además 0,5 kilos de uranio es poco para alcanzar la masa crítica.
DETOMACIÓN DE LAS BOMBAS ATÓMICAS
Se han creado varios sistemas para detonar una bomba atómica. El más simple es utilizar una pistola: se dispara un proyectil de material fisil a un objetivo del mismo material, para que ambos se fundan y formen un conjunto supercrítico. La bomba atómica que Estados Unidos hizo explotar sobre Hiroshima (Japón) el 6 de agosto de 1945 fue un arma de ese tipo. Su energía era equivalente a 20 kilotones de TNT.
Un sistema más complejo, llamado de implosión, se utiliza con bombas de forma esférica. La parte exterior de la esfera consiste en una capa de dispositivos, llamados lentes, con una forma y ensamblado especial. Están hechos de material explosivo y diseñados para concentrar la explosión en el centro de la bomba. Cada sección de este material altamente explosivo tiene un detonador que a su vez está unido por cable con las demás secciones. Una señal eléctrica hace explotar todas las partes del material explosivo de forma simultánea, lo que provoca una onda explosiva que converge en el núcleo de la bomba. En éste hay una esfera de material fisil que se comprime por la poderosa presión ejercida hacia el interior, es decir, la implosión. Esto aumenta la densidad del material y produce un conjunto supercrítico. La bomba que se probó en Alamogordo y la que Estados Unidos lanzó sobre Nagasaki (Japón) el 9 de agosto de 1945 fueron de este tipo. Cada una de ellas equivalía a 20 kilotones de TNT.
Con independencia del método utilizado para alcanzar una configuración supercrítica, la reacción en cadena se produce durante una millonésima de segundo y libera grandes cantidades de energía térmica. La liberación tan rápida de una cantidad tan grande de energía en un volumen relativamente pequeño, provoca que la temperatura alcance decenas de millones de grados. La posterior expansión y vaporización del material de la bomba provoca una potente explosión.
Separación de los isótopos de Uranio
El isótopo fisil uranio 235 representa sólo el 0,7% del uranio natural. El resto se compone del más pesado uranio 238. Los métodos químicos no son suficientes para separar el uranio 235 del uranio normal, porque ambos isótopos del uranio son idénticos en su forma química. Se han creado varias técnicas para separarlos, pero todas ellas se basan en la pequeña diferencia de peso que hay entre los dos tipos de átomos de uranio.
Durante la II Guerra Mundial se construyó en Oak Ridge (Tennessee) una inmensa planta de difusión gaseosa. Esta planta se amplió después de la guerra y se construyeron dos similares cerca de Paducah (Kentucky) y de Portsmouth (Ohio). El material de base para este tipo de planta es el gas hexafluoruro de uranio, que es muy corrosivo. Este gas se bombea sobre barreras que tienen millones de pequeños agujeros, a través de los cuales las moléculas más ligeras (que contienen átomos de uranio 235) se difunden a una velocidad mayor que las moléculas más pesadas que contienen átomos de uranio 238 (véase Difusión). Una vez que el gas se ha difundido a través de miles de estas barreras (también llamadas fases), se hace muy rico en el isótopo más ligero del uranio. El producto final es uranio apto para fabricar bombas con más de un 90% de uranio 235.
ARMAS TERMONUCLEARES O DE FUSIÓN
Antes de que se fabricara la primera bomba atómica los científicos ya se dieron cuenta de que en teoría era posible una reacción nuclear diferente de la fisión, como fuente de energía nuclear. En vez de aprovechar la energía que se produce en una reacción en cadena en el material fisil, las armas nucleares podrían utilizar la energía liberada en la fusión de los elementos más ligeros. Esta reacción es la opuesta a la fisión, ya que consiste en la fusión de dos núcleos de isótopos de algún átomo ligero como el hidrógeno. Por esta razón, las bombas de fusión nuclear se llaman muchas veces bombas de hidrógeno o bombas H. De los tres isótopos de hidrógeno, los dos más pesados, deuterio y tritio, son los que se combinan con más facilidad para formar helio. Aunque la liberación de energía por reacción nuclear durante la fusión es menor que en la fisión, la cantidad de átomos en 0,5 kilogramos de un material ligero es mucho mayor. La energía que liberan 0,5 kilogramos de un isótopo de hidrógeno es equivalente a 29 kilotones de TNT, es decir, tres veces más que la misma cantidad de uranio. Pero esta estimación presupone la fusión de todos los átomos de hidrógeno. La fusión se produce sólo a temperaturas de varios millones de grados y su velocidad sufre un incremento espectacular con la temperatura. Estas reacciones se llaman, por tanto, reacciones termonucleares (inducidas por calor). Hablando en términos estrictos, la palabra “termonuclear” denota que los núcleos tienen un rango (o distribución) de energías característico para cada temperatura. Este hecho es importante, al posibilitar las reacciones de fusión rápidas mediante un incremento de la temperatura.
El desarrollo de las bombas de hidrógeno era imposible antes de que se perfeccionaran las bombas A, dado que sólo éstas podían proporcionar la tremenda cantidad de calor necesaria para iniciar la fusión de los átomos de hidrógeno. Los científicos atómicos consideraban las bombas A como el detonador del dispositivo termonuclear proyectado.
Pruebas termonucleares
Después de algunas pruebas experimentales llevadas a cabo en la primavera de 1951 en la zona de pruebas de Estados Unidos en las Islas Marshall, el 1 de noviembre de 1952 se realizó con éxito la primera prueba a gran escala de un dispositivo de fusión. Esta bomba, llamada Mike, produjo una explosión de la potencia de varios millones de toneladas de TNT (es decir, varios megatones). La Unión Soviética detonó una bomba termonuclear de más de un megatón en agosto de 1953, mucho antes de lo que se esperaba. El 1 de marzo de 1954, Estados Unidos hizo explotar una bomba de fusión de una potencia de 15 megatones. Provocó una bola de fuego de más de 4,8 kilómetros de diámetro y una enorme nube en forma de hongo, que se elevó con mucha rapidez hasta la estratosfera.
La explosión de marzo de 1954 dio lugar a que se reconociera mundialmente la existencia de la lluvia radiactiva. La lluvia de desechos radiactivos procedentes del hongo atómico reveló también muchas cosas sobre la naturaleza de una bomba termonuclear. Si la bomba hubiese sido una bomba A, como detonador de un núcleo de isótopos de hidrógeno, la única radiactividad persistente hubiera sido la de los restos de la fisión del detonador y la inducida por los neutrones en el agua de mar y en los corales. Pero algunos residuos radiactivos cayeron en un barco japonés llamado el Dragón afortunado, un atunero que se encontraba a 160 kilómetros del lugar de la explosión. El polvo radiactivo fue analizado con posterioridad por científicos japoneses y sus resultados probaban que la bomba cuyos residuos se habían recogido sobre el Dragón afortunado era algo más que una bomba H.
BOMBAS DE FISIÓN-FUSIÓN-FISIÓN
La bomba termonuclear de 1954 fue un arma de tres fases. La primera fase era una bomba A que actuaba como detonador. La segunda era una bomba H, resultante de la fusión de deuterio y tritio en el interior. Al detonar se formaban átomos de helio y neutrones de alta energía. La tercera fase se iniciaba con el impacto de estos neutrones en la cubierta exterior de la bomba, que estaba hecha de uranio natural o uranio 238. En este punto no se producía reacción en cadena, pero los neutrones de la fusión tenían suficiente energía como para producir la fisión del núcleo de uranio, lo que se sumaba a la potencia explosiva total y a la radiactividad de los residuos de la bomba.
Efectos de la onda expansiva
Al igual que con las explosiones de armas convencionales, la mayor parte del daño causado por una explosión nuclear en los edificios y en otras estructuras proviene, de modo directo o indirecto, de los efectos de la onda expansiva. La rápida expansión de los materiales de la bomba produce un impulso de altas presiones, también llamado onda de choque, que se mueve desde la bomba en explosión hacia fuera con mucha rapidez. En el aire, esta onda de choque se llama onda expansiva, porque es equivalente a ésta y la acompañan vientos de una fuerza mucho mayor que los de un huracán. Los daños son producidos tanto por el gran exceso (o sobrepresión) de aire que antecede a la onda expansiva como por los vientos tan fuertes que siguen soplando después del paso de ésta. El alcance de los daños en tierra como consecuencia de la explosión depende de su equivalente en TNT, de la altitud a la que explotó la bomba (altura de la explosión) y de la distancia de la estructura hasta el punto cero (es decir, el punto situado justo bajo la explosión de la bomba en vertical). En el caso de las bombas A que explotaron sobre Japón, la altura de la explosión fue de unos 550 metros, ya que se calculó que esta altura produciría un área de destrucción máxima. Si el equivalente en TNT hubiera sido mayor, se habría escogido también una mayor altitud de explosión.
Si se elige una altura de explosión que maximice el área afectada, una bomba de 10 kilotones provocará daños graves en las casas con estructura de madera (muy comunes en Estados Unidos) a una distancia de más de 1,6 kilómetros del punto cero y provocará daños moderados hasta los 2,4 kilómetros (una casa con graves daños ya no se puede reparar). El radio de devastación se incrementa con la potencia de la bomba, de modo proporcional a su raíz cúbica. Por tanto, si una bomba de 10 megatones (1.000 veces más poderosa que una de 10 kilotones) explota a una altura óptima, las distancias se incrementarán por un factor diez: 16 kilómetros de radio para los daños graves y 24 kilómetros para los daños moderados.
Radiactividad
Aparte de la onda térmica y expansiva, las bombas nucleares tienen un efecto característico. Liberan radiación penetrante que es diferente por completo de la radiación térmica, es decir, del calor (véase Radiactividad). Cuando es absorbida por el cuerpo, la radiación nuclear puede provocar graves daños. Si la explosión ocurre a gran altitud, el radio en que se producen estos daños es menor que el de los daños por incendios y por la onda expansiva o que el de las quemaduras por radiación térmica. Sin embargo, en Japón, debido a la radiación murieron más tarde muchas personas que estaban protegidas de la onda expansiva y de las quemaduras.
Existen dos categorías de radiación nuclear provocadas por una explosión: la radiación instantánea y la radiación residual. La radiación instantánea se compone de un fogonazo de neutrones y rayos gamma que se propagan por una zona de varios kilómetros cuadrados. Los efectos de los rayos gamma son idénticos que los de los rayos X. Tanto los neutrones como los rayos gamma pueden atravesar la materia sólida, por lo que para protegerse hacen falta materiales de gran espesor.
La radiación residual conocida como lluvia radiactiva puede ser un peligro en grandes zonas que no sufran ninguno de los otros efectos de la explosión. Las bombas que obtienen su energía de la fisión del uranio 238 o del plutonio 239 producen dos núcleos radiactivos por cada núcleo fisil que se divide. Estos productos de la fisión producen una radiactividad permanente en los restos de la bomba, ya que la vida media de estos átomos se puede medir por días, meses o años.
Se conocen dos tipos de lluvia radiactiva, la inicial y la tardía. Si la explosión nuclear se produce cerca de la superficie, la tierra o el agua se levantan formando una nube en forma de hongo. Además el agua y la tierra se contaminan al mezclarse con los restos de la bomba. El material contaminado empieza a depositarse a los pocos minutos y puede seguir haciéndolo durante 24 horas, cubriendo una zona de varios miles de kilómetros cuadrados, en la dirección en que el viento lo lleve. Se llama lluvia radiactiva inicial y supone un peligro inmediato para los seres humanos. Si una bomba nuclear explota a gran altitud, los residuos radiactivos se elevan a gran altura junto con la nube en forma de hongo y cubren una zona aún más extensa.
La experiencia de la lluvia radiactiva en el hombre ha sido mínima. El caso más importante es el de la exposición accidental de isleños y pescadores en la explosión de 15 megatones del 1 de marzo de 1954. La lluvia radiactiva ha afectado a los seres humanos en diversas ocasiones: las secuelas de los experimentos nucleares estadounidenses en Bikini (Micronesia, 1946) y de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki en 1945 todavía se manifiestan en la población que sufrió sus efectos y en sus descendientes. El 26 de abril de 1986 estalló el reactor de la central nuclear ucraniana de Chernóbil, y emitió radiación durante 10 días. En el plazo de cinco años el cáncer y la leucemia aumentaron en la zona un 50%. No es posible calcular o predecir las generaciones futuras que todavía se verán sometidas a las consecuencias de los accidentes o explosiones nucleares. Las propiedades de la radiactividad y las inmensas zonas que pueden contaminarse convierten a la lluvia radiactiva en lo que, potencialmente, pudiera ser el efecto más letal de las armas nucleares.
Efectos climáticos
Aparte de los daños por la onda expansiva y por la radiación, una guerra nuclear a gran escala entre naciones tendría casi con certeza un efecto catastrófico sobre el clima mundial. Esta posibilidad, que se planteó en un artículo publicado por un grupo internacional de científicos en diciembre de 1983, se conoce como la teoría del “invierno nuclear”. Según estos científicos, la explosión de menos de la mitad del total de las cabezas nucleares de Estados Unidos y Rusia enviaría a la atmósfera enormes cantidades de polvo y humo. Esta cantidad sería suficiente para ocultar al Sol durante varios meses, sobre todo en el hemisferio norte, lo que acabaría con las plantas y provocaría un clima de temperaturas bajo cero hasta que se dispersase ese polvo. La capa de ozono también se vería afectada, lo que agravaría los daños como consecuencia de la radiación ultravioleta solar. Si esta situación se prolongase, significaría el fin de la humanidad. Desde entonces, la teoría del invierno nuclear ha estado permanentemente envuelta en polémica. En 1985 el Departamento de Defensa de Estados Unidos reconoció su validez, pero afirmó que no afectaría a la política de defensa.
Bombas H limpias
Por término medio, un 50% de la potencia de una bomba H proviene de las reacciones termonucleares y otro 50% de la fisión de la bomba A, que actúa como detonante, así como de la fisión de la capa externa de uranio. Se define la bomba H limpia como aquélla en la que menos del 50% de su potencia proviene de la fisión. Dado que la fusión no produce sustancias radiactivas de forma directa, los residuos de una bomba limpia son menores que los de una bomba H media normal con la misma potencia. Si se construyese una bomba H, sin cubierta de uranio pero con un detonador de fisión, sería relativamente “limpia”. Quizá tan sólo un 5% de la potencia explosiva provendría de la fisión; por tanto, la bomba sería limpia en un 95%. Esta bomba de fusión mejorada, también llamada bomba de neutrones, ha sido probada por Estados Unidos y otras potencias nucleares. Aunque la fisión no libera residuos radiactivos que sean duraderos, sí libera una gran cantidad de los neutrones creados en la reacción termonuclear. Estos neutrones inducen la radiactividad en otros materiales, sobre todo en la tierra y el agua, en un radio relativamente pequeño alrededor de la explosión. Por eso, la bomba de neutrones se considera un arma táctica, porque puede producir daños graves en el campo de batalla. Destruye los carros blindados y otros vehículos similares y provoca la muerte o deja heridas de escasa gravedad a las personas expuestas, pero no produce los residuos radiactivos que ponen en peligro a seres humanos o a las casas a kilómetros de distancia.
GUERRA QUÍMICA Y BIOLÓGICA

INTRODUCCIÓN
Guerra química y biológica, método de guerra en el que se utilizan agentes biológicos o químicos tóxicos o incapacitantes para ampliar los objetivos de los combatientes. Hasta el siglo XX ese tipo de guerra estuvo limitada sobre todo a los incendios, los pozos de agua envenenados, la distribución de artículos infectados de viruela y el uso de humo para diezmar o confundir al enemigo.
AGENTES QUÍMICOS
Gases como el gas lacrimógeno, el gas cloro y fosgeno (irritantes de los pulmones) y el gas mostaza (que produce graves quemaduras) se utilizaron por primera vez en la I Guerra Mundial para romper el prolongado estancamiento de la guerra de trincheras; también se intentó utilizar el lanzallamas, pero en principio resultaron ineficaces por su corto alcance. Los adelantos técnicos y el desarrollo del napalm (compuesto de ácidos de nafta y palmíticos), una espesa gasolina que se adhiere a las superficies, condujo a un uso más amplio de armas flamígeras durante la II Guerra Mundial.
Al final de la I Guerra Mundial la mayoría de las potencias europeas habían incorporado la guerra de gases en algún departamento de sus ejércitos, y Alemania había desarrollado en el periodo de entreguerras gases nerviosos como el sarín, que puede causar muerte o parálisis aplicado en pequeñas cantidades. A pesar de su disponibilidad, sólo Japón utilizó gases —en China— al producirse la globalización de la contienda. Después de la II Guerra Mundial el conocimiento de la producción de gases se hizo extensivo.
Desde la II Guerra Mundial se han utilizado gases como el lacrimógeno en guerras limitadas, por ejemplo en la guerra de Vietnam; también es empleado por la policía para reprimir motines. El uso de agentes más mortíferos, como el gas mostaza o nervioso, ha sido condenado por la mayoría de los países, aunque semejantes armas permanecen en arsenales y se cuenta con evidencias de que fueron utilizadas por Irak durante la Guerra Irano-iraquí, en la década de 1980, así como contra los kurdos del norte de su territorio.
Varios compuestos químicos que alteran el metabolismo de las plantas y causan defoliación, como el agente naranja, se han utilizado en la guerra moderna en la jungla para reducir la cobertura del enemigo o privar a la población civil de las cosechas necesarias para su alimento. Tales agentes químicos, que se suelen lanzar desde el aire, pueden contaminar también el agua y los peces; su efecto a largo plazo sobre todo el ecosistema hace que resulten devastadores. Véase también Medio ambiente: Problemas medioambientales.
GUERRA BIOLÓGICA
Varios países han desarrollado trabajos de diferente categoría sobre agentes biológicos para que fueran utilizados en la guerra. Seleccionados o adaptados a partir de microbios patógenos causantes de diversas enfermedades que atacan al hombre, a los animales domésticos o a las cosechas de alimentos vitales, tales agentes comprenden bacterias, hongos y virus o diversas toxinas. Los microbios patógenos que causan el botulismo, la peste, la fiebre aftosa y el añublo del trigo se cuentan entre los muchos que pueden ser utilizados contra los ejércitos enemigos o las actividades económicas que les sirven de sustento. La ingeniería genética también ofrece la posibilidad de desarrollar nuevos virus contra los que se carece de medios para establecer una defensa previa.
La guerra biológica a larga escala se ha mantenido en un estado teórico, si bien en la década de 1980 se supo que Japón había utilizado agentes biológicos en China en las décadas de 1930 y 1940. Al comienzo de la década de 1980 surgieron controvertidas acusaciones de que la Unión Soviética en Afganistán, y Vietnam en Laos y Kampuchea (hoy Camboya) estaban usando toxinas fungicidas —en una forma llamada lluvia amarilla— como armas biológicas.
DISEMINACIÓN Y PROTECCIÓN
Los métodos más primitivos de diseminar agentes químicos consistieron en su simple liberación de contenedores presurizados, tal como hicieron los alemanes durante la II Guerra Mundial. Esto obligaba a que su utilización dependiera del viento, si bien éste podía cambiar su dirección con frecuencia y lanzar los agentes químicos sobre las tropas propias o aliadas. Por tanto, los ejércitos buscaron formas mejores de proyectar estas armas, como morteros, artillería, cohetes, bombas aéreas y aspersores aéreos. Los agentes biológicos también pueden diseminarse mediante insectos o animales liberados en el área enemiga.
Sean cuales sean los medios de diseminación, es imprescindible proteger las fuerzas y poblaciones amigas. La mayoría de los países están desarrollando programas para la detección de agentes letales y su descontaminación; también se trabaja en el desarrollo de armas ofensivas cuyo almacenamiento y uso sea menos peligroso.
Las armas biológicas o químicas utilizadas en la guerra convencional o nuclear pueden desempeñar también un destacado papel en las futuras guerras de guerrillas o en acciones de sabotaje. En tales situaciones se acude a materiales tóxicos inertes —polvos, por ejemplo, que se activan al entrar en contacto con superficies húmedas como los pulmones— lanzados de forma subrepticia al aire de la ciudad desde vehículos en movimiento o desde buques en alta mar. Otra posible táctica es la de introducir toxinas solubles en las redes urbanas de suministro de agua.
Los agentes químicos y biológicos pueden ser utilizados en guerras limitadas. El hecho de que la producción de agentes químicos letales no exija una infraestructura industrial muy refinada los convierte en medios bélicos asequibles a los países del Tercer Mundo. El uso de armas químicas por Irak y la capacidad de guerra química por parte de Libia en 1988, incrementan el peligro que semejantes armas pueden originar. Es también materia de alta preocupación que ese tipo de armas caiga en poder de grupos terroristas, habida cuenta de que cantidades mínimas de toxinas disueltas en agua o aire pueden dar lugar a una catástrofe de muy amplias dimensiones, como ocurrió en la década de 1990 en el metro de Tokyo.

DREE DEBORA
MARCOS BULACIOS

Realizaron sus trabajos en forma impresa por lo que no se los puede publicar

Alejandro Gomez me entrego un CD virgen.!!!!!!!!!

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